Sinopsis

Existe un poder indómito que siempre ha despertado el temor de la gente. En el reino de Ganvelbura, quienes lo tienen son llamados «Malditos» y sometidos a una ley despiadada. Mevirg es uno de ellos, pero sabe que no debe revelar su naturaleza. Conoce también un secreto que podría cambiarle vida… y cambiar la historia de los suyos para siempre.

Noticias inquietantes sobre una misteriosa agrupación de fanáticos y un gobierno que pierde el rumbo —dos cuestiones íntimamente ligadas, que amenazan a los Malditos y a todo el reino—, harán que Mevirg y su hermano mayor, heredero al trono, se embarquen en una lucha por dominar la fuerza que cada uno lleva dentro y torcer el devenir de los acontecimientos.

Con las primeras nieves del invierno (El último Maldito I) es una historia de crecimiento y superación; de lazos familiares inquebrantables; de amor y también de viejos rencores, prejuicios e intrigas, en la que no faltarán prodigios, aventuras y sucesos tanto emotivos como violentos…

Historia

Eneele Horst nos presenta la primera parte de lo que me resulta una bilogía bien pensada pero, sobre todo, bien trabajada. Y es que nos plantea un microcosmos en un mundo fantástico bien construido, que nos da pinceladas de cómo es el mundo más allá del escenario de nuestro actores, que nos acerca a la profundidad que encierra al mismo, pero que no es más que eso: un bosquejo simple pero necesario para contextualizar los hechos. Y es un atino que así sea, alejada de un vuelque vasto y ridículo de lore, porque no solo sería innecesario, sino también un tremendo lastre.

La historia de este primer volumen se desarrolla en dos lugares clave. Por un lado, el hogar de nuestro protagonista, casa de su hermano y sus padres; por otro, la capital del reino del Ganvelbura. El primer escenario será necesario para conocer a estos personajes, sus relaciones, lo que los hace crecer y evolucionar como seres humanos, incluso con Mevirg cargando, en silencio y casi sin saberlo, la pesada carga de ser alguien con el potencial de ser odiado por la sociedad. El segundo, como emplazamiento para entender dónde están los enemigos que envilecen el mundo, y la excusa que nuestros héroes necesitan para encontrar su camino.

Gracias a esto, y aunque no es el caso, podemos dividir la historia en dos grandes arcos argumentales: el crecimiento y el autoconocimiento de nuestros protagonistas —pues aunque Mevirg posee una carga indiscutible, su hermano no se queda atrás— por un lado y, por el otro, los esfuerzos de uno por derrocar a un reino corrompido, y los del otro por llegar a entender quién es y el potencial que tiene. Cuestiones que quedan abiertas, en especial esta última, al concluir este primer volumen.

Personajes

Como ya he mencionado, el papel protagónico le corresponde a Mevirg, el muchacho maldito abandonado en una noche de ventisca, siempre acompañado por su fiel lobo. Por otro, su hermano Kravelmaur, honesto y puro de corazón, que encuentra en su tío el impulso que siempre ha deseado que le dieran. Sin embargo, existe una tercera figura que trasciende, con el telón del teatro al fondo, y es la madre de ambos.

Es indiscutible el tacto y el cuidado que ha tenido Eneele Horst a la hora de hilvanar esta historia, pero se ha esmerado a conciencia en darle forma a esta mujer, fuerte y rabiosa, pero sabia y consciente de todo lo que significa ser quién es, de saber quiénes son sus hijos, qué los hace especiales. Los cría y educada en consecuencia, poco a poco, midiendo con exactitud cuándo están preparados para afrontar las verdades de la vida. Y todo ello lo consigue con pasmoso acierto, lo que demuestra un nivel de empatía que haría palidecer a más de un abanderado de la educación.

Estilo narrativo

Hacía tiempo que no me encontraba con algo como Con las primeras nieves del invierno. No lo digo en un mal sentido, sino en uno cargado de sorpresa. Aquí hay florituras, pero nada resulta rimbombante o pesado. Se nota a leguas que la autora disfruta de la lectura, que tiene más tablas de las que aparenta, y eso queda al descubierto al hacer gala de un estilo elaborado, uno uso de la lengua profundo y bien medido, una elección de palabras atípicas para definir a la perfección aquello que se quiere contar, sin rodeos ni sobrexplicaciones. Para entenderlo rápido, si tiene que hablar de «una espada oriental curvada y de hoja larga, caracterizada por su filo único y pensada para el combate a caballo» va a decir «cimitarra» y ya está. No es una espada cualquiera. No hace falta describirla. Ya existe una palabra que aúna esa definición. Y la usa. Sin rodeos.

Y aunque ello me parece excelente desde un punto de vista literario, sí que me lleva a pensar en lo desconcertante que pueden llegar a ser algunos términos para algunos lectores casuales y poco habituados a este tipo de nivel literario. No digo que sea culpa de la autora, ni mucho menos. Anhelo volver a una librería y encontrar obras así por millares, pero me resulta de lo más arriesgado, sobre todo para una editorial pequeña como lo es Fundación. Y por ello debo aplaudir el atrevimiento.

Edición

La edición que he tenido el placer de leer es la del formato en tapa blanda con solapas, editada por Editorial Fundación. Cuenta con 467 páginas y con un concienzudo trabajo de corrección y edición. El estilo es elegante, la maquetación correcta y la revisión de los textos, mérito de la autora y de su editor, Rayco Cruz, toda una prueba de que todavía se respeta el trabajo editorial.

La portada, sin ser de los mejores trabajos de Gabriel Espinosa, es correcta y cumple su función.

Resumen

Con las primeras nieves del invierno es, por ahora y para mí, una de las sorpresas editoriales que parió el 2025. No solo me ha descubierto a una autora talentosa, sino también comprometida con el trabajo de su gremio, dispuesta a hacer valer su esfuerzo a través de una historia bien trabajada, construida en torno a personajes elaborados con maestría.

Lo mejor

Su estilo narrativo cargado resulta potente sin caer en lo rimbombante, lo repetitivo o lo tedioso.

Lo peor

Kravelmaur se me antoja algo abocetado, no le vendría mal cierta profundidad para poder llegar a conectar con él plenamente.

Algunos nombres propios, tanto de lugares como de personas, padecen el típico mal que aqueja a los primeros encuentros de muchos autores —entre ellos me incluyo— con el mundo literario fantástico: tratar de decirlos en voz alta crea trabalenguas nuevos, y memorizarlos a veces se vuelve complicado, en especial aquellos que se mencionan de pasada un par de veces.